El mar y las embarcaciones han sido desde siempre símbolos potentes donde el Ser recoge sensaciones ligadas al viaje, a la fortaleza humana enfrentada a la vastedad indómita de la naturaleza. En esta ocasión, tras un proceso personal de varios años, la artista Giani recurre a las imágenes para embarcarnos en una travesía profunda, de cuerpos narrados y velos que recuperan memorias. Un devenir sin límites, un tránsito suspendido entre lo que fue y lo que podría ser. Cada obra, constelación de un extenso universo visual, entrelaza lo material con lo emotivo e invita a reflexionar sobre nuestras propias travesías: ¿hacia dónde vamos? ¿qué llevamos con nosotros? ¿qué dejamos atrás?
Esa fragilidad latente y nuestra persistente obstinación por avanzar convierten a las embarcaciones en testigos de la capacidad humana de resistir, de mantener el rumbo incluso ante aguas inciertas. Barcos de papel se convierten en horizontes de sentido, desplegando pequeñas historias de una memoria colectiva y reminiscencias de la infancia. Un eco de domingos familiares, donde el ritual compartido de la mesa albergaba tanto los placeres como los sinsabores de las partidas. La artista convoca escenas íntimas y las proyecta sobre un horizonte sin restricciones, un ensueño donde cada barco es, al mismo tiempo, promesa de un destino posible. Un mar sin orillas, donde los recuerdos fluyen en un espacio suspendido. Donde los cuerpos son atravesados por líneas que construyen sombras y generan presencias. Un recordatorio de que lo humano persiste y se reinventa, incluso en medio del oleaje.
Florencia Nieto











