Trama en la que vivimos la mayor parte de la humanidad y en la que reina la soledad. Trama exageradamente ruidosa, pero en la que impera el silencio.
Si bien la ciudad es sin Laura, Laura no se excluye y aborda la misma con materiales ya informados en nuestra cultura que no salen de una librería artística sino de ferreterías y mercerías. Instala su labor en criterios absolutamente contemporáneos, el material no es virgen sino que preelaborado.
Esta urdimbre, salida de depósitos de tornillos, caños y demás, no es su fundamento en esta muestra, sino que viene siéndolo desde hace tiempo, de modos distintos. Esto nos permite inferir que estos trabajos expuestos no son un happy end, por el contrario, son muestra de un proceso que Laura viene desarrollando hace tiempo. Y que son una promesa, esperaremos.
Esta muestra está compuesta por trabajos de pared y volumétricos y un trabajo en que se aborda otro medio y otra forma de producción. Colaborativamente se exhibe la ciudad de Buenos Aires intervenida con un video resultado del despliegue de ponchos por parte de los espectadores. Trabajo realizado conjuntamente con Federico Vendrell.
Vemos en esta muestra de Laura Ferrando continuidad de sus trabajos anteriores, preocupación por uno de los fenómenos más complejos que nos toca vivir, lo urbano, con sus complejidades, sus diferencias y beneficios. Todo con una actitud que acompaña el desarrollo de la expresión artística, donde lo importante es sembrar interrogantes, interpelar, darle la oportunidad al otro de la reflexión y que en vez de establecer límites disciplinarios se adopta una modalidad rizomática.
Remitiendo al poema de Francisco Luis Bernárdez, La ciudad sin Laura, poema al cual Ferrando le otorga el carácter de inspirador, podemos sostener que: en la ciudad de la soledad y el silencio, Laura Ferrando despierta una profunda resonancia y puebla el desierto.
Silvio Fischbein