Cristina Minacori desciende de forma directa de una estirpe de artistas, en donde la fuerza del trabajo diario transversaliza la vida misma. Es desde ese lugar, de investigación y producción constante, que se solventa un universo poético que busca inmiscuirse en el límite entre la realidad mundana que transitamos y otra realidad plagada de bestias, entre simpaticonas y nostálgicas, que nos recuerdan con un guiño amoroso que el ámbito de la imaginación y la creación resiste desde el hacer. Su bestiario de cromatomorfos la acompaña a lo largo del tiempo
Pilas de cuadernos y lapiceras nuevas, en uso y gastadas se amontonan en su estudio. El mismo cuenta con una ventana desde donde mirar un recorte de realidad que zumba al ritmo del traqueteo de los rieles del tren, que con su cronograma de horarios va y viene, al mismo tiempo que los cromatomorfos se crian y lo quieren todo: los papeles del escritorio, los que se guardan en los cajones, las telas que reposan con sus bastidores sobre las paredes, las cajas con recortes, los planos chicos y los bien grandes.
Laura Dominguez (texto curatorial)















