Introspección:
Desde mi más remota infancia siento a mi cuerpo como límite; un límite abismal que apenas puedo atravesar y me obliga a volver hacia adentro en busca refugio. Adentro, claro, no hay amenaza sino una especie de auto-resguardo y abrigo. Como una mano que tira hacia adentro vuelvo a mí misma una y otra vez. Y es así como mis pensamientos (mi cerebro, tal vez) se convirtieron en mi casa, en mi hogar. Si el cuerpo es mi límite, mi interior es el universo todo. Así me fui armando y entendí también que hay muchas formas de estar en el mundo.













