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Marisa Insúa

Introspección, vivimos en una constante simulación, en una eterna ficción.
«Y adentro, sin dudas, siento que está la verdad. Una verdad que nunca llego, llegamos, a contar pero que está ahí, atravesada por el presente y la historia. Eso me gusta, me genera cierta satisfacción y placer y, al mismo tiempo, una sensación de engaño. Si nunca contamos del todo lo que pensamos ¿No vivimos acaso en una constante simulación, en una eterna ficción?»

Introspección:

Desde mi más remota infancia siento a mi cuerpo como límite; un límite abismal que apenas puedo atravesar y me obliga a volver hacia adentro en busca refugio. Adentro, claro, no hay amenaza sino una especie de auto-resguardo y abrigo. Como una mano que tira hacia adentro vuelvo a mí misma una y otra vez. Y es así como mis pensamientos (mi cerebro, tal vez) se convirtieron en mi casa, en mi hogar. Si el cuerpo es mi límite, mi interior es el universo todo. Así me fui armando y entendí también que hay muchas formas de estar en el mundo.